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miércoles, 22 de abril de 2015

Mis días en la UCI, por Marina García



9 de Julio de 2014: Abro los ojos…

No puedo mover mis manos, el dolor en todo el cuerpo es insoportable, algo sale de mi garganta y no estoy en mi casa. No sé donde estoy ni qué hora es, hay fotos de mi hijo y de mi marido, algunos dibujos con mi nombre, una imagen de la virgen de San Nicolás y un rosario. Hay una amatista y un cuarzo, como en un altar.

Escucho ruidos, muchos, miro a mi lado y veo un aparato que suena, unos cuantos cables salen de mi cuerpo y van a distintos lugares.
 
Entonces llega Fabián. Apaga el aparato. Me llama por mi nombre, me pregunta como estoy y cepilla mi pelo mientras me cuenta que afuera está amaneciendo.

Dos chicas de mi edad entran a mi habitación. Lali y Juli son residentes, me cuentan que estoy en CEMIC en La Unidad de Cuidados Intensivos y que estuve unos 26 días dormida. Preguntan como me siento, evalúan mis signos vitales, me ayudan a mover las piernas, explican que el reposo genera una perdida de movilidad aguda, son muy amables, dicen que ya llega mi familia y que estoy hermosa.Todo el tiempo entran Doctores, de mil especialidades: Sofía, Ignacio, Pablo, son miles.

Ellos me explican que llegué ahí con una neumonia grave, en Shock Tóxico por una Bacteria bastante rara (Staphilococcus aureus Resistente a la Meticilina). Dicen que tuve algunas complicaciones y necesito el respirador más tiempo para sanarme. Son positivos y me explican todo cada vez que pregunto.

Les pido jugo, solo quiero tomar líquido pero todavía no puedo.

Todos los que entran a la habitación están contentos de verme, yo aún no los conozco. 

Llega mi marido y mi familia, me emociono… También están Lili y Edgardo, 2 médicos amigos a los que siempre les permitieron acompañarnos. Terminan de explicarme todo, me cuentan que me perdí el Mundial de Fútbol entre otras cosas.

Ya estoy consciente y empieza el arduo camino de rehabilitación.

No es fácil, es demasiado para el cuerpo y para la mente. Pido que me traigan un reloj y mi música. Mi deseo es cumplido y las cosas se ponen más amenas, ya puedo escuchar otro sonido que no sea el de los equipos.


Todos los días vienen los Kinesiólogos, Cora, Hernán, Pablo, Susana, Marcelo, Mariano, Melisa, creo que los recuerdo a todos. Con Melisa volví a caminar, con Cora comí, y así recuerdo cómo cada uno de ellos me ayudó a volver al cuerpo.

Los enfermeros son personas increíbles. Me cuentan cosas de su vida para hacer que el tiempo pasara más rápido. Quique es de Leo como mi marido. El cordobés es de San Lorenzo igual que mi hijo, Luis y Ángel tienen una banda de música juntos, Mariana tiene mellizos, Inés un hijo fanático de los videojuegos como el mío, Mauricio está casado con Romina, otra enfermera y tienen un bebé hermoso, Patricia me hablaba de budismo para que me relajara. Son miles, no me acuerdo de los nombres de todos, pero no hubo uno solo que me tratara mal, todos me hicieron parte de su vida.

Me llevo de mi estancia en la UCI (52 días en total) recuerdos de cada integrante del equipo. Desde el Dr. Valentini el director de la sala hasta Carina, la chica que limpiaba mi habitación. Ella tiene el cabello más lindo y largo que jamás haya visto. 





Hubo momentos muy difíciles. Solo pensaba en ver a mi hijo, y el horario de visita era tan corto que los días se volvían imposibles. Entonces vino Shiry, una de las coordinadoras y le hablé de lo angustiantes que eran las noches, lloré, ella me tocó el hombro y después de mucho hablarlo me dieron un permiso especial para estar acompañada por un familiar las 24 horas: solo debían comprometerse a no interferir con el trabajo del equipo.




A partir de ese día mi recuperación fue rapidísima. Todos se sorprendieron, el amor que me brindaron fue infinito. Cuando me dieron el alta, yo sabía que nunca me iba a olvidar de este equipo.

Llegué a mi casa y entendí lo difícil que es humanizar los cuidados en una sala de Terapia Intensiva: cada paciente, cada familia, y cada contexto institucional es diferente.



Pero no tengo duda de que en mi caso lo lograron y es por eso que hoy, sólo 7 meses después, ya no recuerdo el dolor ni el sufrimiento, recuerdo a estas personas que cuando me recibieron vencida, me salvaron la vida; cuando me vieron sufrir, calmaron mi dolor, y cuando me vieron llorar se sentaron en mi cama, me miraron a los ojos, me llamaron por mi nombre, me hablaron de lo fuerte que soy y me sacaron una sonrisa mientras hacían su trabajo sin olvidar que ante todo SON PERSONAS QUE VIVEN PARA CUIDAR PERSONAS.



7 comentarios :

  1. Ufff...Que bien nos (me) viene un testimonio así de vez en cuando, para no olvidar nunca que no trabajamos con máquinas, si no con personas a las que cuesta muy poco hacer una situación tan difícil un poquito más humana.
    Gracias Marina.

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  2. Un relato excelente. Muchas gracias por compartirlo de manera tan intensa. !Este post va directo al corcho de la unidad!

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  3. Me emociona tu relato. Sos una campeona. Me pone muy feliz que con nuestro trabajo pudimos hacer cosas buenas en un momento tan malo. Gracias por compartirlo.

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    1. Gracias Romina! ustedes son personas increíbles, me enseñaron mucho con su trabajo :)

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    2. Hola mi nombre es cesar Orlando centeno castillo yo vengo saliendo de cuidados intensivo . hoy tengo un mes de mi salida de ahí aun no lo supero Lo q pase es muy duro

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  4. Una historia que nos hace reflexionar sobre nuestros cuidados. Siempre he dicho sobre el cuidado humano, pero ahora con esta historia reafirmo que el cuidado humano es lo que hace mejor al paciente.

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