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viernes, 2 de septiembre de 2016

Hacia la HU-CI y la integración. Por Federico Carini

 
En el último congreso de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) llevado a cabo en Salta hubo un vendaval de novedades.
 
A diferencia de años previos, las novedades no venían sólo de las áreas clásicas de terapia intensiva como shock, síndrome de distrés respiratorio y sepsis, sino que vimos la aparición en escena de la humanización de los cuidados intensivos y la concepción cada vez más acabada de que hoy más que nunca debe primar el "primum non nocere ". 
 
Desde tiempos de Ibsen, anestesiólogo danés que en plena epidemia de polio en la década del 50 propuso por primera vez el uso de ventilación a presión positiva y trabajó en equipo para el tratamiento de estos pacientes (a la sazón , el nacimiento de la UCI moderna) los cuidados críticos han recorrido un largo camino.
 
Cada vez más pacientes sobreviven a la UTI. ¿Pero cómo lo hacen? ¿En qué estado vuelven a sus casas? Vuelven a sus vidas?
 
Y si bien muchas de las consecuencias de la enfermedad crítica son inevitables, muchas otras son producto de costumbres y usos acuñados en el tiempo pero sin ninguna evidencia.
 
¿Qué riesgo puede haber en que un niño visite a su padre?. ¿Un abuelo a su nieto?. Las luces de noche en toda la unidad, ¿qué ventaja nos dan?. Para el tratamiento de enfermedades graves, ¿la sedación no termina muchas veces siendo deletérea?. 
 
Tuvimos el honor de tener entre nuestros invitados a Gabi Heras de España, ferviente y motivador líder del movimiento HU-CI. También de Thomas Strøm, médico danés quién viene pregonando la no sedación desde tiempo atrás, ¡y con mucha evidencia en su favor! El Dr. Jukka Takala, de Finlandia, también se dedicó a este tema , dejando en claro que la no sedación sin dudas no es para todos y siempre, pero sí es clave el abordaje integral y la utilización de herramientas y objetivos adecuados. Otro visitante de honor fue Nathan  Brummel, del equipo del Dr. Wesley Ely en Vanderbilt, quien remarcó la importancia de incluir a la familia en el proceso de cuidado, además del fundamental trabajo de rehabilitación precoz y el seguimiento a largo plazo. 



 
En el Hospital Italiano de Buenos Aires tenemos una UTI abierta a la familia y sin dudas ha significado un cambio positivo en nuestra forma de trabajo y relación con los pacientes y sus seres queridos.
 
Como nos marcaba Thomas Strøm, las barreras de espacio y tiempo no deben ser infranqueables.   El mensaje clave es que ningún programa externo que se intente insertar tal cual en un sistema distinto tendrá ninguna chance real de éxito.
 
El trabajo multidisciplinario, la formación de líderes de opinión , los refuerzos positivos y la evaluación constante de resultados son fundamentales a la hora de implementar el cambio. 
 
Hacia allí vamos en Argentina, sumados a este movimiento a todas luces imparable. 
 
Médico especialista en Medicina Crítica y Terapia Intensiva (SATI / UBA)
Coordinador asistencial UTIA - HIBA

 

martes, 30 de agosto de 2016

El poder de la palabra en la UCI, por Mariana Pedace


La Unidad de Cuidados Intensivos es uno de los servicios donde transcurren los acontecimientos más intensos de un Hospital. 
 
El estado de salud de los pacientes es crítico, los familiares experimentan sensaciones desgarradoras y los profesionales deben tomar decisiones sumamente complejas bajo presión de tiempo y dificultad. La angustia,el dolor, la incertidumbre, la tensión recorren los pasillos de la sala y son moneda corriente para todos los actores de las UCI. 
 
Sin embargo, también lo son la conmovedora sorpresa de una mejoría inesperada, la alegría de volver a comunicarse con una persona que no estuvo lúcida durante días y la esperanza de poder reanudar un proyecto de vida que parecía perdido. El tiempo no escapa a este alud de sentimientos y adquiere otro ritmo: a veces transcurre muy rápido, otras, demasiado lento, o incluso, en ciertas circunstancias, parece estar detenido. 

Esta marea de sensaciones y sucesos puede resultar excesiva y agotadora para todos los protagonistas que convergen por distintos motivos en tan extremo y asombroso sector de la institución hospitalaria. 

Como profesionales, ¿qué podemos hacer para encauzar este torbellino de emociones y experiencias?. ¿Con qué herramientas contamos para amortiguarlo, incluso, para transformarlo en algo valioso y significativo? 

La fórmula es mucho simple de lo que podemos imaginar. Basta con apelar al recurso más potente y económico del que disponemos todos los seres humanos: la palabra. Las palabras permiten hilvanar mentalmente las sensaciones, tejer redes que le den forma, explicarnos lo que sucede, insertarlo en nuestra historia y de esta manera capitalizar el impacto que generan. Sólo debemos hacernos la pregunta ¿quién soy yo? para percatarnos que todos “estamos hechos de historias”, como dice el gran escritor de Eduardo Galeano. Los relatos permiten dar significado a nuestras experiencias. Los seres humanos necesitamos “como el aire que respiramos” que lo que nos sucede tenga sentido para conservar un relativo equilibrio psíquico.


 

Ahora bien, para facilitar que estas narraciones surjan y se desplieguen, los profesionales de la UCI tenemos a mano otro recurso también invaluable: escuchar. Acercarnos, mirar a los ojos, dejar hablar sin juzgar ni rechazar los sentimientos del que se está expresando. Dar señales que estamos prestando atención mediante gestos como asentir con la cabeza, resumiendo ocasionalmente lo que dice o demostrando que uno comprende lo que está sintiendo. La cantidad de tiempo que podemos dedicar a esta tarea es mucho menos importante que la calidad que podamos darle, al considerar el efecto que tiene sobre el que habla y sobre nosotros mismos el estar escuchando. 

Si todos los protagonistas de la Terapia tomamos unos minutos para hablar y escuchar lo que nos sucede, las intensas experiencias que vivimos a diario pueden procesarse subjetivamente. Y al hacerlo, disminuye el sufrimiento y el alud de sucesos inconexos se convierten en episodios que pueden tener sentido dentro de la irrepetible historia de trabajar en una UCI. No se trata de contar con recursos extraordinarios o disponer de mucho tiempo. Lo único que necesitamos es tomar conciencia que volver a lo que nos distingue como seres humanos: el lenguaje y la comunicación, es la vía privilegiada para que la apuesta de trabajar en uno de los lugares más intensos del Hospital pueda renovarse día a día.
 
Coordinadora de la Residencia de Psicología

miércoles, 3 de agosto de 2016

¡Salta conmigo! Rumbo a Argentina

 
Hola a todos, mis queridos amigos.
 
Proyecto HU-CI pone rumbo a Argentina, invitados como ponentes al 26º Congreso de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva que se va a celebrar en la ciudad de Salta.
 
 
 
 
Este es el programa preliminar, donde tenemos el orgullo y el honor de participar en 4 ponencias:

 
25 de agosto 2016-Jueves 
 
Bioética SALA 10
10:00 - 11:30 "La dignidad del Paciente "  
Coordinador GUSTAVO FIDEL MARINO AGUIRRE (Argentina)  
 
  • 10:00 "Introducción" Relator GUSTAVO FIDEL MARINO AGUIRRE (Argentina)  
  • 10:15 "Integración cuidado intensivo - cuidado paliativo " Relator EDGAR CELIS (Colombia)  
  • 10:35 "Cuidar la dignidad: ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo?" Relatora ALEJANDRA JULIARENA (Argentina)  
  • 10:55 "Prevención y manejo de las secuelas del síndrome post UCI" Relator GABRIEL HERAS (España)  
 
Capítulo Enfermería SALA 04- Los Nogales
17:15 - 18:00 "Proyecto HU-CI: por qué debemos formar parte "  
 
Presidente ANA MARÍA BEJARANO (Argentina)  
Disertante GABRIEL HERAS (España)  
 
 
26 de agosto 2016-Viernes 
 
Capítulo Enfermería SALA 04-Los Nogales
14:15 - 15:45 "Humanizando los cuidados"
 
Presidente MARCELO FABIO MORALES (Argentina)  
  • 14:15 "El cuidado de lo invisible". Relator GABRIEL HERAS (España)   
  • 14:45 "El enfermero de UCI ante la muerte". Relatora CLARA CULLÉN (Argentina)  
  • 15:15 "Hacia una UCI de puertas abiertas: paso a paso". Relatora FABIANA CICCIOLI (Argentina)   
 
Bioética- CHARLA CON EXPERTOS- SALA 11
14:45 - 16:15 "La familia en UCI / El equipo de UCI"

Coordinadora MARGARITA TORRES BODEN (Argentina)  
 
  • 14:45 "Introducción". Relatora MARGARITA TORRES BODEN (Argentina)  
  • 15:00 "¿Qué nos puede aportar la Medicina Integrativa?"  . Relator GABRIEL HERAS (España)  
  • 15:20 "¿Abrimos las UCI o incorporamos a los familiares en los cuidados?" Relator HÉCTOR A. FERRARO (Argentina)  
  • 15:40 "Sufrimiento moral en el equipo de la UCI". Relatora JANICE ZIMMERMAN (Estados Unidos)  
  • 16:00 "Conclusiones". Relatora M. CRISTINA ORLANDI (Argentina)  
 
Y como no podíamos dejar pasar a oportunidad, gracias a la amable invitación de los Dres. Gabriela Vidal y Federico Carini, amigos y autores de respectivos post en este blog, visitaremos sus respectivos hospitales para dar a conocer y poder sentar las primeras bases para implantar el Proyecto HU-CI en Buenos Aires.
 
El lunes 22 visitaremos el Hospital General José de San Martín de la Plata y el martes 23 el Hospital Italiano de Buenos Aires.
 
Feliz y agradecido a Argentina, el segundo país de habla hispana que más lee este espacio tras España.
 
Podrías empezar el día así: ¡SALTA conmigo!

 



Nos vemos en Argentina, gracias a SATI por hacerlo posible.

Feliz Miércoles,
Gabi
 

sábado, 14 de mayo de 2016

Cuando el paciente nunca va a mejorar, por Daniela J. Lamas


“Dígame doctora, entonces, ¿está estable mi madre?”.

Mientras escuchaba esa pregunta al otro lado del teléfono, me debatía sobre cuál era la mejor respuesta.  

Mi paciente no había vuelto a casa desde hacía tres meses. Hasta ese momento, era una anciana sana de 90 años que vivía sola y cocinaba todas sus comidas, jugaba al tenis en el verano y se empachaba de películas en el invierno.

Pero de repente un día tuvo un fuerte dolor de espalda que la llevó a consultar de urgencia en un centro médico cercano para luego ser derivada en un viaje vertiginoso en ambulancia a la urgencia de un centro de mayor complejidad.

Tenía una grave lesión en la pared de la aorta, la arteria principal que llevan la sangre desde el corazón. En una sala de información sin ventanas, los médicos le contaron a la familia de mi paciente que debían realizar una complicada y arriesgada cirugía de emergencia, sin la cual probablemente moriría en un corto lapso.

Para gran alivio de la familia, la cirugía salió bien. Pero luego hubo varias complicaciones; primero una neumonía, luego insuficiencia renal, delirium, debilidad grave. Después de las primeras dos semanas, la paciente no había fallecido, pero tampoco se había recuperado. Dado que aún dependía del respirador, los médicos decidieron llevarla nuevamente al quirófano para realizar otra cirugía, esta vez una traqueostomía, una pequeña incisión en el cuello que facilita la ventilación mecánica. Debido a que los pacientes con traqueostomía no pueden comer por la boca, al menos no al principio, al regresar del quirófano le habían colocado otro tubo nuevo, una sonda nasogástrica de alimentación.
  

Stuart Bradford


Pasaron algunas semanas más en la UCI. Parecía que apenas se lograba controlar una infección, aparecía una nueva. De tanto en tanto, la paciente tenía periodos de lucidez, donde el delirium parecía alejarse; periodos en los que juntaba la fuerza suficiente para respirar sin ayuda del respirador, en los que podía hablar con su familia y balbucear respuestas de a una palabra por vez.

Su tono era un susurro tan débil que la familia apenas podía oírla.

Pero también había días en los que se la veía aterrorizada y con los ojos desorbitados, las manos atadas con sujeciones “suaves” para evitar que se arrancara la sonda nasogástrica que servía para administrarle la alimentación, esa preparación lechosa que se cuelga a la cabecera del paciente todos los días.

Un día, el equipo responsable le anunció a la familia que la paciente sería trasladada a un centro cuidados críticos prolongados. Esto era una buena noticia, le dijeron los médicos a la familia. Significaba que esa mujer tan debilitada, con delirium intermitente y que no se parecía en nada a la vivaz anciana de 90 años que había llegado a la guardia hacía algunos meses ya no necesitaba los cuidados de la UCI. Mantenían un cuidadoso optimismo.

Con el paso del tiempo, la paciente fue mostrando mejorías en este nuevo centro de cuidados crónicos. Progresivamente fue requiriendo menos tiempo el respirador, primero pudo respirar por sus propios medios durante 8 horas, luego 12, luego un día, luego dos. Finalmente, se le pudo retirar la traqueostomía y el agujero en el cuello se fue convirtiendo en una pequeña cicatriz. El delirium también se fue, dejando en su lugar una paciente con mirada perdida, como sin vida. Sus riñones también mejoraron. Pero en algún momento las cosas dejaron de mejorar. El paso del tiempo se hizo cada vez más lento. Y la paciente yacía allí, ni muerta ni realmente viva; detenida en un limbo indefinido.

Un sábado, le detectaron fiebre. Le costaba trabajo respirar. La tuvieron que intubar nuevamente, y enviarla a la UCI, donde la hija nos llamó para preguntar: "¿Está estable?".

No sabía cómo responderle. El respirador le aportaba oxígeno suficiente. La medicación intravenosa actuaba directamente sobre el corazón para mantener la presión en valores aceptables. Sus riñones funcionaban lo suficiente como para producir orina.

Pero detrás de esa fachada de estabilidad yacía una verdad mucho más dolorosa: era probable que nunca se mejorara. Con su constelación de ventilación mecánica prolongada, infecciones y delirium tenía lo que los doctores llaman “enfermedad crítica crónica”.

Su historia no es única; hay más de 100.000 pacientes con enfermedad crítica crónica sólo en los Estados Unidos; y con el envejecimiento poblacional y la mejora en la tecnología médica es probable que esa cifra siga creciendo. Los resultados de estos pacientes son llamativamente malos. La mitad de los enfermos críticos crónicos morirán dentro del año, y sólo alrededor del 10% lograrán recuperar una vida independiente al regresar a casa.

El concepto de enfermedad crítica crónica no es algo que nos hayan enseñado en la facultad de medicina, ni siquiera algo de lo que se hable mucho entre los mismos médicos. Puede ser porque muchas veces los perdemos de vista; son derivados, como en el caso de la paciente, desde el hospital hasta los centros de cuidados crónicos y luego de nuevo al hospital, acompañados por una historia clínica cada vez más abultada a medida que todo el resto lentamente se desmorona.

En los primeros momentos de la enfermedad crítica, las elecciones son relativamente simples, las apuestas altas: vives o mueres. Pero los enfermos crónicamente críticos habitan una especie de purgatorio intermedio, donde todo es incertidumbre y subsistir. ¿Cómo explicarle esto a las familias, cuando están recién respirando aliviados de que su ser querido ha sobrevivido? ¿Deberíamos utilizar las palabras “enfermedad crítica crónica”? ¿Cambiaría alguna de nuestras decisiones si lo hiciéramos? No tengo una respuesta para esas preguntas.

Me quedé en silencio esa noche con el teléfono en la mano. ¿Estaba estable mi paciente? En ese momento, se podría decir que sí. Pero con cada nuevo evento de ese estilo, y era seguro que los habría, mi paciente se alejaría más y más de la esperanza de recuperar su estilo de vida previo: vivir sola en su casa, mirar películas, cocinar. Me parecía poder ver las semanas y meses arrastrarse, un momento de calma seguido por una nueva emergencia.

Pero ese no era el momento de decirle eso a la hija, no por teléfono, no esa noche. Por lo que me limité a decirle la verdad; una verdad, al menos.
 
Su madre estaba críticamente enferma, pero estable por esa noche. 
 
 
Dra. Daniela J. Lamas Pulmonary and Critical Care Fellow en Brigham & Women’s Hospital de Boston
Rebloggeado  con permiso de la autora desde The New York Times: When the patient won´t ever get better
 
Traducido por el Dr. Federico Carini 
Médico especialista en Medicina Crítica y Terapia Intensiva (SATI / UBA).
Hospital Italiano de Buenos Aires