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miércoles, 7 de septiembre de 2016

La unidad paciente-familia. Por Carlos Martorell


En nuestro trabajo, son muchas las ocasiones que debemos establecer una comunicación con la familia del paciente, bien sea para informar de los futuros cuidados del paciente o para valorar su estado.

Seguro que muchos de nosotros hemos podido observar e incluso participar en una comunicación ineficaz con las familias, en muchas ocasiones fruto de los prejuicios e interpretaciones que realizamos los profesionales sobre las propias creencias o valores sobre la familia. 



No somos conscientes, o a veces sí, que las horas de espera, la hospitalización, el dolor, la higiene… son factores y situaciones que aumentan el estrés para el paciente y la familia. Y normalmente resolvemos los problemas con el paciente, como si fuera un problema aislado de la familia, cosa que es errónea, ya que debemos concebir al paciente como un ser dentro de un grupo. Incluso, normalmente las quejas serán transmitidas por el familiar y no por el paciente.

¿Cuántas veces hemos soportado quejas de los familiares? ¿Cuántas veces nos hemos sentido agraviados por la familia?
Y... ¿cuántas veces nos hemos parado a no juzgar por nuestras creencias y valores? ¿Cuántas veces hemos empatizado con ese familiar que lleva días durmiendo en la silla acompañando al paciente?.
La familia no es la visita. Es mucho más. Y forma parte de la experiencia del paciente.

Somos un colectivo con un contacto cotidiano con los pacientes y sus familiares, y si aprendemos a abordar los efectos colaterales que conlleva la hospitalización con la familia, lograremos un resultado más positivo.

Un ejemplo representativo, es el que puede suceder en cualquier planta de hospital donde haya un paciente que lleve unos días hospitalizado y siempre esté el mismo familiar. En los primeros días el familiar puede estar receptivo, colaborador e incluso será paciente, sin embargo, al cabo de los días, la situación de estrés, agobio e impotencia agravará el cansancio del familiar y de ahí, las posibles quejas o inconvenientes hacia el personal sanitario.


 
Debemos dar y mostrar empatía, escucha activa, respeto y tolerancia al paciente y su familiar, incluyendo este último en el proceso de enfermedad del propio paciente. Así lograremos mejorar la salud del paciente y en consecuencia, establecer una comunicación eficaz con todos ellos.

Carlos Martorell Campins (carlosmartorellcampins@gmail.com)
Técnico en emergencias sanitarias y estudiante de Grado Enfermería.

martes, 19 de enero de 2016

#humaniza nos ha mandado una solicitud de amistad, por Carlos Martorell y María del Castillo

 
En todos los estudios de las disciplinas sanitarias se imparten asignaturas que nos hablan de la empatía y la comunicación. Da igual si eres Auxiliar de Enfermería, Técnico en Emergencias, Enfermero o Médico, durante el periodo de formación crees firmemente que las patologías del paciente no son solo fisiología, y que para recuperarse necesita al profesional y también a la persona que hay tras el uniforme.
 
En la actualidad, observamos impasibles cuál puede ser la sensación de un paciente tirado en la calle, cuando llega la ambulancia: luces y sirenas, gente con uniforme, pinchazos, dolor y sobretodo, incertidumbre y miedo a morir. 

¿Alguien se ha presentado a este paciente?

¿Alguien le ha explicado lo que le estamos haciendo? 




Subimos al paciente a una camilla, entra en la ambulancia, cada vez observa más cables, tubos, sueros y alarmas que pitan y no sabe por qué. 

Este paciente sigue sin saber que le está pasando, generando una angustia horrorosa que seguramente también afecta a su estabilidad hemodinámica. Con una simple explicación de lo que le está pasando, y de cuál es su estado aumentaríamos su sensación de seguridad, no se sentiría desamparado e incluso sus constantes vitales mejorarían. 

Si hacemos un repaso cronológico de la historia de la enfermería, observamos un cambio de paradigmas; una primera etapa donde los sanitarios éramos los expertos y el paciente no contaba para nada, avanzamos llegando a la etapa de integración; donde pasamos a llamar al paciente “cliente” como si él fuera el que ha elegido enfermar, y ahora en la actualidad empezamos escuchar su opinión, situándonos en un paradigma de transformación dónde el paciente es el actor principal en todos los aspectos, llegando a ser un modelo biopsicosocial. 

¿Actuamos igual que pensamos, o hemos retrocedido a la edad media? 

Probablemente, nuestra función como cuidadores debería ser centrarnos en el enfermo y no en el órgano. Por otro lado observamos como la sanidad ha sufrido una tecnificación donde da la impresión que también a nosotros nos ha transformado en máquinas, abandonando “el arte del curar y cuidar”, trabajando como robots y olvidándonos que tras el uniforme somos personas.

Actuemos como tal y regalemos a nuestros pacientes humanidad para su curación y la nuestra.

Carlos Martorell Campins (carlosmartorellcampins@gmail.com)
Técnico en emergencias sanitarias y estudiante de Grado Enfermería.

María del Castillo Ordoñez
Enfermera del Hospital Son Llàtzer.