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jueves, 20 de octubre de 2016

De Móstoles a Oporto, com-pasión

 
Hola a tod@s, mis queridos amigos.
 
Semana muy loca y apasionante, la verdad.
 
Tras la jornada emocionante e intensa en el curso de Bioética de Palencia, ayer en la mañana hicimos un descanso para poder seguir adelante. Por la tarde comenzamos el Curso de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión, que durante dos meses nos emplaza los miércoles (y digo nos, porque estamos formándonos Marisol Martínez y yo) a parar y enfocar en esta herramienta. Ya os iremos contando, pero la primera clase fue simplemente maravillosa.
 
Y el viernes, empezaremos fuerte el día con las IX Jornadas Nacionales de Enfermería en el Hospital Universitario de Móstoles. Este año, el título es "Humanizar el proceso de Cuidar", y participaremos junto a Jose Sesmero en la primera mesa "Humanización: visión integral". En el evento participarán grandes amigos relacionados con la humanización, como José Carlos Bermejo  y Cristina Muñoz (Centro de Humanización de la Salud), Luis Pradillos (PayasoSalud), Raquel Franco (Facilitación Sanitaria) o la propia Cristina González del Yerro, de la Subdirección General de Humanización de la Asistencia de la Comunidad de Madrid.






Por la tarde participaremos junto con José Manuel Velasco y por segundo año consecutivo en las Jornadas de Medicina Intensiva que se celebran en la ciudad de Oporto y que son el evento del año para las UCI de Portugal.
 
Este es el programa completo, nuevamente con un título muy provocador. En esta ocasión moderaré la mesa de "Competencias transversales para el manejo del paciente crítico" junto con Irene Aragao y debatiremos sobre la Humanización de las UCI preguntando "¿Qué hacemos en nuestras UCI?", hablando del Proyecto y de la flexibilización de los horarios de visita. Cerraremos la jornada con la lectura de la Declaración de Torrejón.
 
Como veis, esto no para. Y es que hay mucho que hacer.
¡¡Seguimos!!
 
Feliz Jueves,
Gabi

viernes, 9 de septiembre de 2016

Entrenando la Compasión


Hola a tod@s, mis queridos amigos.

Hace un par de meses y gracias a Enric Benito, conocí a Gonzalo Brito tras ver una charla suya en el último congreso de la SECPAL.

Gonzalo es de Chile, un psicólogo clínico que amplió su formación en el Centro para la Investigación y la Educación en la Compasión y el Altruismo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford (CCARE, por sus siglas en inglés), siendo el primer instructor certificado para impartir el programa de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión (ECC).

Como ya imagináis, le escribí un correo electrónico presentándome y dándole a conocer el Proyecto HU-CI. La reflexión fue la siguiente: los profesionales de HU-CI necesitamos entrenar la compasión y añadirla como una #humantool en nuestras habilidades de relación.

Y cómo es la vida, que parece que todo es casual y nada lo es: uno de sus cursos ECC va a ser impartido en Madrid entre Octubre y Diciembre, gracias al Nirakara Mindfulness Institute, que centra su actividad en la Universidad Complutense de Madrid.





No corráis: todas las plazas ya están ocupadas aunque si os interesara podéis apuntaros en la lista de espera. Yo me siento profundamente agradecido, puesto que desde Nirakara me han invitado a asistir como participante.





Pero quiero que os hagáis una idea de los temas básicos que vamos a tratar:

Asentamiento y Enfoque. Asentar la mente en la experiencia presente con aceptación a través de ejercicios en los que se enfoca la atención deliberadamente en la respiración; desarrollo de mindfulness.

La compasión como capacidad natural. Se ayuda a reconocer los signos psico-físicos de la compasión mediante ejercicios guiados y herramientas dialógicas.

Auto-Compasión. Desarrollo de habilidades tales como el diálogo auto-compasivo, auto-aceptación y auto-guía en las circunstancias difíciles. Se entrena cómo entrar en contacto con los sentimientos y necesidades; y relacionarse con ellos con inclusión y compasión. Se apunta a que el cultivo de la auto-compasión es la base para el desarrollo de una actitud compasiva hacia los demás.

Amor a uno mismo. Aprender a desarrollar cualidades de calidez, aprecio, alegría y gratitud por uno mismo.

La humanidad compartida. Se establecen las bases del cultivo de la compasión hacia los demás a través del reconocimiento de nuestra humanidad común compartida e interdependencia.

Compasión. Sobre la base anterior, los participantes comienzan a cultivar la compasión por todos los seres.

Compasión Activa. Este paso consiste en la evocación explícita del altruismo; aliviar el sufrimiento de los demás. Esta práctica se conoce como Tonglen o “dar y tomar”.

Práctica integrada de cultivo de la compasión. Los elementos esenciales de los epígrafes anteriores se combinan en una práctica de meditación compasiva integrada que puede ser adoptada como práctica diaria. 

Os iré contando sobre la experiencia, pero...¿a que suena increíble?.

Feliz Viernes,
Gabi

sábado, 21 de mayo de 2016

Con mayúscula, por Vicente Gómez


Madrugada. Un despacho de hospital. Dos médicos, agotados, comunican el inminente fallecimiento en quirófano de un paciente a su familia. Tras un día de duro trabajo la fisiología, o la naturaleza entera, se les ha venido encima, cuestionando las falsas expectativas que, en no pocas ocasiones, sobrestiman las capacidades de su ciencia.

Nada a reprocharse. Sólo molesta en el estómago esa vieja sensación amarga de derrota, y alguna pregunta incómoda, por inútil, de qué cambiarían la próxima vez. Es difícil calmar, incluso con años de experiencia, a ese juez implacable de su ego, que les mejora, pero que tortura con la propia, y ficticia, insuficiencia. Ahora sólo queda el amargo trance de reconocer en público la cruel y temida realidad.

La familia, abatida, pero contenida, escucha en silencio sus explicaciones. Jerga técnica. "Lo intentamos con todo… fue imposible… no respondió". Parecen comprender. Una hija, enfermera, pregunta si pueden verle en quirófano antes de desconectarle. 

- "No es costumbre, ni es lo conveniente", responde tajante uno de los médicos.

- "¿Puedo insistir?. Para mí sería muy importante", replica la hija.

El otro médico la mira a los ojos. Percibe, como un latigazo, un dolor profundo, pero no hosco. Una pena arropada de dulzura y cortesía infinitas, de quien pide algo que no está en su mano conseguir. Un dolor digno, firme, que sólo busca un último asidero para evitar el desgarro. Una última gracia que es más que un capricho inconveniente. La despedida de quien, probablemente, ha sido el faro de su vida. El primer paso necesario para resolver un previsible largo y duro duelo.

Conmovido, el médico comprende, que no pueden negarse, amparándose en la fría costumbre, sin incurrir en la mayor de las crueldades. Tras convencer a su compañero, aun dudoso, acceden a su petición. Acompañan a la hija, con paso lento, rodeados de una luz blanca y espectral, que hiere los ojos tras reflejarse en las puertas metálicas de los quirófanos. El silencio es opresivo. Un desfile hacia la nada.

La hija se acerca a la camilla quirúrgica, y comienza a susurrar unas palabras inaudibles para ambos médicos. Permanecen allí, a prudente distancia, sin poder cuestionarse si es lo conveniente. Quizá sienten que, con su presencia y respeto en sus ojos bajos, solemnizan una ceremonia de una hondura que les trasciende y les inmoviliza. Se preguntan qué palabras pronuncia. Cómo se resume en unas breves frases una vida de recuerdos, enseñanzas y ternuras. Quizá, como el médico conmovido sólo supo decir a su madre en similar situación, “Buen viaje, a donde vayas mamá”. No hay lágrimas, ni sacudidas por los sollozos, solo un lento pero continuo musitar de sus labios, mientras le acaricia el cabello, con su cara pegada a la de él. Un beso y sale dirigiendo a los médicos un gracias que ilumina su rostro y destensa el de los dos profesionales, que tienen algo más que un nudo en la garganta.

Su cara parece relajada, a pesar de que en sus ojos se reconoce un sentimiento sobrehumano de pena, cercano al desfallecimiento. Como esa pálida virgen de Van der Weyden al pie de la cruz, que tanto admira el médico conmovido. Una entereza, que parece haberse afianzado por esos pocos segundos dentro, pero que el dolor puede hacer estallar con un mínimo soplo. Una contención de quien ha sido educada en el cariño, pero también en la adversidad y en la disciplina de la aceptación.


Una hora después, el médico conmovido sale a la sala de espera a cumplimentar el papeleo. Sus ojos se cruzan con los de la hija. En el segundo siguiente, ella le abraza efusivamente, en un impulso espontáneo y sincero que le sorprende y azora a la vez, mientras oye en un susurro un “Gracias, no olvidaré nunca, nunca, lo que ha hecho por mi esta noche al permitirme despedirme de mi padre”.

En la fuerza de esos brazos que le oprimen durante unos instantes encuentra, por fin, un sentido a toda la fatiga que le invade, tras oponerse muchas horas a lo inevitable. Porque en ese abrazo, se resume la verdadera razón que le llevó a hacerse médico hace más de treinta años. Si no curas, consuela y acompaña. Siente que, perdiendo una vida, su emoción, muchas veces desatendida, le ha permitido que otra vida pueda iniciar un duelo sin lastres. Piensa, confortado en sus brazos, que ha creado un lazo duradero con alguien admirable. Es él quien le está agradecido a ella por darle la oportunidad de ejercer de Médico. Con mayúscula.

Unidad de Cuidados Intensivos. 

sábado, 30 de agosto de 2014

Humanizar el duelo con-pasión: Carmen Segovia

 
Hola a tod@s, mis querid@s amigos:
 
Ayer tuve la fortuna de conocer personalmente a una de las personas que más sabe sobre comunicación en situaciones críticas en España.
 
De sonrisa constante y trato exquisito, me enseñó la sede de la  Organización Nacional de Trasplantes y me presentó al equipo con una sencillez que me hizo sentir como si nos conociésemos de siempre. Y si no habéis tenido ocasión, os recomiendo visitar el antiguo y precioso edificio rodeado de jardines y que hoy alberga un lugar que te hace sentir muy orgulloso de la labor que entre todos hacemos (pacientes, profesionales de la salud y familias) por la donación de órganos. Se respira paz y servicio a los demás.
 
 


 
Hablamos de palabras que parecen prohibidas para algunos, como DUELO, HUMANIZAR o COMPASIÓN; de llamar a las cosas por su nombre y de cómo nuestra formación debe mejorar en este sentido. Con naturalidad y con sentido común. No paraba de referirse a las fuentes, esas que constantemente bebe en los libros y que la recuerdan que la sabiduría llega con el tiempo y con pausa. Y ponía miles de ejemplos.

Sin darnos cuenta pasamos media mañana charlando, y no podía parar de pensar par mi que una vez más, a pesar de llevar 25 años en la élite, hay determinada gente que sigue teniendo ese brillo en los ojos que denota la ilusión del primer día. Con una sonrisa y con normalidad del que siempre está dispuesto a aprender.

No puedo estar más contento al darte la bienvenida a Proyecto HU-CI. Espero que podamos aprender todo de ti. Compasión y Con-Pasión.

Os presento a Mamen Segovia.

Feliz fin de semana.
Gabi